12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería
Cuidar en cada etapa del cáncer: el papel esencial de la enfermería del IVO
Con motivo del 50.º aniversario, el IVO refuerza en el Día Internacional de la Enfermería su compromiso con una de sus áreas estratégicas: la enfermería oncológica. Un equipo de 165 profesionales especializados constituye el pilar esencial de nuestro modelo asistencial, garantizando una atención integral, continua y de alta cualificación que integra ciencia, tecnología y humanidad en el cuidado del paciente.
La enfermería oncológica en el IVO representa mucho más que una labor asistencial. Se trata de un acompañamiento constante que abarca todas las fases del proceso oncológico, desde el diagnóstico hasta toda la evolución de la enfermedad, combinando excelencia clínica y apoyo emocional en un contexto especialmente complejo para pacientes y familias.

Como explica la jefa de Enfermería del IVO, Nuria Casani, “la enfermería oncológica hoy es una disciplina altamente especializada que integra conocimiento científico, innovación y un profundo compromiso humano. Estamos presentes en todo el proceso, resolviendo dudas, coordinando cuidados y acompañando al paciente y a su familia en un momento vital especialmente complejo”. Casani subraya además que “la evolución de los tratamientos oncológicos nos exige una formación constante, pero sin perder nunca la esencia del cuidado: la cercanía, la escucha y la atención a las necesidades básicas del paciente, que deben ser atendidas con la máxima humanidad”.

Ese compromiso se apoya en principios éticos fundamentales: empatía, escucha y respeto, que guían toda la actividad enfermera en el IVO. La relación con el paciente se construye desde la confidencialidad, el respeto a sus valores y creencias y una presencia continuada durante todo el proceso asistencial: consultas, hospitalización, tratamiento, alta y seguimiento.
En el ámbito de la hospitalización, la enfermería adquiere una dimensión especialmente relevante. Ricardo Roca, supervisor de Oncología Médica, lo resume con claridad: “somos los profesionales que más tiempo pasamos con el paciente, lo que nos permite no solo administrar tratamientos, realizar curas, tomar constantes o monitorizar su evolución, sino también anticiparnos a complicaciones y ofrecer apoyo emocional tanto al paciente como a su familia”. En este entorno, añade, la enfermería “crea y mantiene registros clínicos, administra medicación por distintas vías, colabora en procedimientos médicos, toma muestras, prepara al paciente para intervenciones y garantiza la continuidad de los cuidados al alta, explicando a pacientes y familiares todo lo necesario para su recuperación”.

El Hospital de Día representa otro de los espacios clave del cuidado oncológico. Allí, la enfermería acompaña al paciente desde el inicio de su tratamiento, un momento especialmente marcado por la incertidumbre. “Cuando el paciente llega, le invaden las dudas, el miedo, la incertidumbre… y ahí empieza nuestro trabajo”, explica Teresa Navarro, supervisora del Hospital de Día. “No solo administramos el tratamiento con la máxima seguridad, también intentamos que ese tiempo interfiera lo mínimo posible en su vida cotidiana, ayudándole a organizar su día a día y resolviendo todas sus dudas sobre efectos secundarios o evolución del tratamiento”. Navarro destaca además la evolución del rol de la enfermería: “somos asistenciales, pero también docentes, gestoras del tiempo del paciente e investigadoras, porque trabajamos con terapias de vanguardia”.

En el área quirúrgica, la enfermería desempeña una labor crítica antes, durante y después de la intervención. Gema García, supervisora de Quirófano, explica que “cuidar empieza mucho antes de la cirugía: revisamos la historia clínica, identificamos necesidades específicas, alergias o materiales necesarios y nos aseguramos de que el paciente llegue al quirófano con confianza”. Durante el proceso, añade, “la seguridad clínica es prioritaria, pero también lo es la humanización: presentarnos, escuchar al paciente o simplemente cogerle la mano puede marcar la diferencia”. La evolución en este ámbito ha sido significativa: “la tecnología, la digitalización de historias clínicas y la cirugía robótica han aportado seguridad y precisión, pero el cuidado humano sigue siendo insustituible”.

La atención domiciliaria, a través de la Unidad de Hospitalización Domiciliaria (UHD) del IVO, amplía el alcance del cuidado enfermero fuera del hospital. Charo Díaz, enfermera de la UHD, recuerda que “los cuidados paliativos no son solo el final de la vida, sino un acompañamiento activo desde el diagnóstico, centrado en aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente y su entorno”. Según explica, “la UHD permite ofrecer cuidados hospitalarios en el domicilio, adaptados a cada persona, evitando ingresos innecesarios y convirtiendo el hogar en un espacio terapéutico”. En los últimos 50 años, añade, “la enfermería domiciliaria ha pasado a ser un pilar fundamental en un contexto de mayor esperanza de vida y cronicidad, diseñando planes individualizados y altamente complejos”.

En radioterapia, la enfermería ha evolucionado desde un rol técnico básico a convertirse en una figura clínica, educativa y emocional clave. Sonia Gimeno, supervisora del área, señala que “el paciente necesita entender su tratamiento y sentirse acompañado en todo momento”. En los años 70 y 80, recuerda, la función era principalmente asistencial, centrada en cuidados de la piel y apoyo al equipo médico. “Con el tiempo, la formación específica y la incorporación de protocolos han permitido una participación mucho más activa en la educación del paciente y el manejo de efectos secundarios como la radiodermitis o la mucositis”. Hoy, concluye, “formamos parte de equipos multidisciplinares, lideramos consultas especializadas y ponemos el foco en la calidad de vida”.

En la Unidad de Medicina Intensiva (UMI), la complejidad clínica exige una enfermería altamente especializada. Carmen Hernández explica que “atendemos a pacientes críticos con patologías potencialmente reversibles, ofreciendo cuidados integrales en situaciones de máxima complejidad”. La unidad se estructura en dos áreas, una para postoperatorio inmediato y otra para pacientes graves procedentes de hospitalización o urgencias. “La evolución en 50 años ha sido enorme: hemos pasado de un rol asistencial a una enfermería autónoma, con capacidad de toma de decisiones clínicas, formación especializada y uso de tecnología avanzada, sin perder nunca la humanización del cuidado”, subraya.

En radiodiagnóstico, el papel de la enfermería es esencial para garantizar la seguridad y la calidad de las pruebas. Esteban Mesas, supervisor del área, explica que “preparamos al paciente, le explicamos el procedimiento, comprobamos su historia clínica y consentimiento informado y gestionamos todo el material necesario para la prueba”. Además, añade, “es fundamental ofrecer apoyo emocional, especialmente cuando existe miedo o incertidumbre, así como minimizar riesgos asociados a la exposición a radiación o al uso de contrastes”. Su evolución en las últimas décadas ha ido de la mano del avance tecnológico: “la enfermería se adapta continuamente a nuevas herramientas diagnósticas y digitales para garantizar una atención segura y eficiente”, añade.

Cinco décadas después de su fundación, en el IVO se ha consolidado un modelo asistencial en el que la enfermería ocupa un lugar clave en todo el proceso de la enfermedad. Una profesión que ha evolucionado al ritmo del avance científico y tecnológico, pero que conserva intacta su esencia: el cuidado, la cercanía y el acompañamiento personalizado con cada paciente, en uno de los momentos más decisivos de su vida.

