8 de mayo | Día Mundial del Cáncer de Ovario
Cáncer de ovario: avanzar en diagnóstico precoz, el gran reto de uno de los tumores más complejos
El cáncer de ovario sigue siendo uno de los mayores desafíos de la oncología. A pesar de representar solo el 3% de todos los tumores femeninos, se sitúa como la quinta causa de muerte por cáncer en mujeres y es la primera causa de mortalidad por cáncer ginecológico.
Se estima que en 2026 más de 3.767 mujeres serán diagnosticadas con esta enfermedad en España, de las que cerca de 370 corresponden a la Comunitat Valenciana.
Se trata de uno de los tumores ginecológicos más agresivos, en gran parte debido a la ausencia de métodos eficaces de detección precoz, lo que condiciona de forma directa su pronóstico. En este sentido, en los últimos años, los avances en investigación y tratamiento han permitido elevar la supervivencia a cinco años hasta el 60% de los casos. Sin embargo, este tumor continúa planteando un importante reto debido, principalmente, a la dificultad de su diagnóstico.
Y es que el cáncer de ovario es uno de los más difíciles de detectar: sus síntomas suelen confundirse con dolencias comunes, especialmente de tipo digestivo, lo que retrasa su identificación. En la actualidad, además, no existen métodos eficaces de detección precoz y su diagnóstico se basa fundamentalmente en pruebas de imagen.
Este contexto explica que entre el 70% y el 80% de los casos se detecten en fases avanzadas, a pesar de que, cuando se diagnostica de forma temprana, la tasa de curación puede alcanzar el 90%.
Coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer de Ovario, los especialistas del Instituto Valenciano de Oncología (IVO) ponen el foco en la necesidad de mejorar su detección precoz, principal factor que condiciona el pronóstico.

Un diagnóstico difícil: síntomas poco específicos
Uno de los principales obstáculos del cáncer de ovario es que sus síntomas son difusos y fácilmente confundibles con problemas digestivos u otras patologías benignas.
Entre los signos más habituales destacan la hinchazón abdominal por acumulación de líquidos, la sensación de saciedad precoz o “empacho” con comidas ligeras, molestias en la zona pélvica, cambios en el ritmo intestinal y, en menor medida, la aparición de hemorragias vaginales entre ciclos menstruales o en mujeres menopáusicas. Ante cualquiera de estos síntomas, los expertos recomiendan acudir a un especialista para realizar las pruebas pertinentes.
Factores de riesgo y prevención
La edad es uno de los principales factores de riesgo, siendo más frecuente a partir de los 63 años y poco habitual antes de los 40. A ello se suman otros factores de riesgo como la ausencia de embarazos, el consumo de estrógenos en la postmenopausia o la predisposición genética.
Como explica el Dr. Ignacio Romero, médico adjunto del Servicio de Oncología Médica del IVO, “cuando se identifica una carga familiar o genética, se pueden poner en marcha programas de seguimiento específico e incluso cirugías profilácticas”.
Por el contrario, factores como el uso de anticonceptivos durante más de cinco años, la lactancia, el embarazo o una alimentación saludable pueden contribuir a reducir el riesgo de padecer esta enfermedad.
Los especialistas insisten en no normalizar los síntomas cuando son persistentes y en acudir al especialista para la realización de pruebas de imagen, ya que actualmente no existen métodos eficaces de cribado poblacional. En este sentido, las revisiones ginecológicas rutinarias, incluyendo exploración pélvica y ecografía vaginal, siguen siendo una herramienta clave para la detección clínica.

Investigación: hacia tratamientos cada vez más personalizados
La investigación se ha convertido en uno de los pilares fundamentales para mejorar el abordaje del cáncer de ovario. En este contexto, la Dra. Raquel López Reig, investigadora del Servicio de Biología Molecular del Instituto Valenciano de Oncología, explica: “Nuestro objetivo es avanzar hacia una medicina cada vez más personalizada, capaz de adaptar los tratamientos a las características específicas de cada tumor”.
En esta línea, el IVO trabaja en la identificación de biomarcadores pronósticos y predictivos, especialmente en relación con la respuesta a terapias dirigidas como los inhibidores de PARP: “Estamos desarrollando tecnologías basadas en secuenciación que permiten no solo determinar la inestabilidad genómica, sino también otros marcadores relevantes, como la carga mutacional tumoral o firmas mutacionales específicas”, señala.
Además, el centro oncológico valenciano impulsa otras líneas de investigación innovadoras centradas en el estudio del microambiente tumoral, el desarrollo de nuevas estrategias de inmunoterapia o el análisis del microbioma. A ello se suma el avance en modelos predictivos mediante técnicas de inteligencia artificial, que permiten anticipar la respuesta a los tratamientos y seguir profundizando en el conocimiento de la enfermedad.
Cirugía: el factor que más impacta en la supervivencia
El tratamiento del cáncer de ovario sigue teniendo en la cirugía su pilar fundamental. Como explica el Dr. Josep Sanchís, jefe clínico del Servicio de Ginecología del IVO, “la cirugía sigue siendo el principal factor asociado a la supervivencia. El objetivo es la eliminación completa de la enfermedad visible, lo que denominamos citorreducción completa”.
Esta intervención puede realizarse al inicio del tratamiento o tras la administración de quimioterapia, en función de las características de cada caso. En este sentido, el especialista subraya que “una correcta selección de pacientes y la consecución de una cirugía completa son determinantes en el pronóstico”.
En los últimos años, además, los avances tecnológicos han contribuido a mejorar los resultados quirúrgicos. “La cirugía mínimamente invasiva y, especialmente, la cirugía robótica, han supuesto un salto en precisión y en la recuperación de la paciente”, añade.
Tratamientos: nuevas opciones terapéuticas
El abordaje terapéutico del cáncer de ovario ha evolucionado de forma significativa en los últimos años con la incorporación de nuevas estrategias. Como explica el Dr. Romero, “hoy disponemos de tratamientos dirigidos como los inhibidores de PARP o anticuerpos monoclonales que han mejorado el control de la enfermedad”.
En paralelo, se están desarrollando nuevas líneas terapéuticas, como los llamados “fármacos inteligentes” (anticuerpos conjugados capaces de liberar la quimioterapia directamente en el tumor), mientras avanza la investigación sobre el posible papel de la inmunoterapia en este tipo de cáncer.
“Estamos en un momento de gran avance, con múltiples opciones terapéuticas que están cambiando el manejo de este tumor”, destaca.
Por su parte, la radioterapia ha ido ganando protagonismo en los últimos años, especialmente en el tratamiento de recaídas. Como explica el Dr. Miguel Ángel Santos, médico adjunto del Servicio de Radioterapia del Instituto Valenciano de Oncología, “en pacientes que recaen tras una primera respuesta, la radioterapia ha demostrado ser una herramienta eficaz”.
En este contexto, la incorporación de técnicas avanzadas como la radioterapia estereotáctica corporal (SBRT) permite administrar altas dosis de radiación con gran precisión y menor toxicidad, lo que facilita tratar lesiones localizadas preservando los tejidos sanos.
Además, su papel resulta clave en el manejo paliativo de la enfermedad, ya que contribuye de forma significativa al control del dolor o de los sangrados, mejorando la calidad de vida de las pacientes.
Abordaje multidisciplinar
Centro de referencia internacional en el diagnóstico y tratamiento del cáncer, el Instituto Valenciano de Oncología (IVO) fue pionero en España hace 50 años en implantar un enfoque integral a través de sus Comités de Tumores.
Como explica el Dr. Ignacio Romero, “la complejidad de esta enfermedad hace fundamental individualizar el tratamiento de cada paciente, algo que solo es posible gracias a los comités multidisciplinares, en los que participan especialistas como ginecólogos, oncólogos médicos, oncólogos radioterápicos, radiólogos, patólogos, biólogos moleculares, psicólogos y médicos nucleares, que analizan cada caso y toman decisiones conjuntas”.
Se trata de un modelo que, como subrayan desde el IVO, resulta clave al ofrecer una visión global y completa de cada paciente.
Diagnóstico precoz: el principal reto en un escenario de grandes avances
A pesar de los importantes avances logrados en las últimas décadas en cirugía, tratamientos e investigación, el principal reto del cáncer de ovario sigue siendo su diagnóstico precoz. Mejorar la identificación de los síntomas, avanzar en el desarrollo de biomarcadores y continuar impulsando la investigación serán claves para cambiar el pronóstico de esta enfermedad en los próximos años.
En este sentido, la evolución de los últimos 50 años ha supuesto un cambio estructural en el abordaje del tumor, en paralelo a la trayectoria del Instituto Valenciano de Oncología (IVO), centro pionero en España y referente oncológico que este año celebra 50 años de historia. La cirugía ha pasado de ofrecer tasas limitadas de curación a consolidarse como una herramienta de alta especialización orientada a la eliminación completa de la enfermedad, gracias a la centralización de los casos y al desarrollo de técnicas cada vez más precisas y complejas.
Este progreso quirúrgico ha ido acompañado de una transformación igualmente relevante en la comprensión del cáncer de ovario, que ha pasado de un enfoque basado en la morfología tumoral a un conocimiento profundo de su biología molecular. Este avance, impulsado también desde centros como el IVO a lo largo de sus 50 años de trayectoria, ha permitido no solo afinar la selección de pacientes, sino también incorporar tratamientos dirigidos que actúan sobre alteraciones genéticas específicas, consolidando una nueva etapa en la que la medicina de precisión y la personalización terapéutica son ya una realidad en el manejo de esta enfermedad.

